Tailandia es una monarquía y el rey es una figura esencial, respetada y venerada en todo el país y protegida por ley. El padre del actual rey representó una las monarquías más longevas del mundo con setenta años en el trono y aún está muy presente en el país. En muchos establecimientos está presente su figura y en la calle encontraremos tributos a los reyes (del anterior y del actual) en todas las ciudades. El color azul de la bandera tailandesa está asociado a la figura real. No será por casualidad que ocupa el lugar central y más ancho.

En Tailandia está castigado faltar al respeto a la familia real. Las leyes son muy duras y no tienen miramiento con el turismo. No se puede insultar o ridiculizar al rey. Pisar, por ejemplo, un billete con el pié, donde está el retrato del rey, no es aconsejable. Incluso no se llevaría la billetera en el bolsillo trasero porque al sentarse «chafaríamos al rey». Esto último lo leí en algún sitio, no lo vi la verdad.
Tailandia se prepara para la coronación del nuevo rey, Vajiralongkorn, que se celebrará del 4 al 6 de mayo.
Este reino del sudeste asiático está gobernado por una Junta Militar desde 2014. Estando allí, el día 24 de marzo, se celebraron elecciones generales. Unas elecciones que la comunidad internacional lleva pidiéndole a Tailandia desde hace tiempo para demostrar su compromiso con la democracia y esas cosas. Como ya hemos dicho las leyes son muy duras y las penas de cárcel también. El consumo de droga conlleva duras penas. Tampoco está permitido comprar objetos que reproduzcan a Buda ni tatuarse su imagen; grandes carteles advierten que hay que ser respetuoso y Buda no es un objeto decorativo.